Sacando las crisis coyunturales o las justificaciones económicas y demográficas, la pandemia de coronavirus viene manifestando una situación que se repite en la Argentina al menos desde el reinicio de la democracia: la gran cantidad de apoyo que obtiene la provincia de Buenos Aires en comparación con las demás jurisdicciones del país.
Si bien es debatible en algunos puntos, como los fondos de coparticipación, el territorio bonaerense (o su conurbano) representa una gran "aspiradora" de recursos que toda labor nacional se encarga de alimentar, especialmente cuando hay grandes amistades entre los signos políticos de ambas administraciones. Es lo que está pasando con Axel Kicillof, que desde diciembre del año anterior se convirtió en el gobernador "preferido" del Presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, por lo que esta relación estrecha tiene su camino en el reparto de dinero para calmar la pandemia.
Uno de los ejemplos son los recursos que la Nación tiró para agrandar la capacidad de camas de terapia intensiva en diversas provincias. Según un informe, hasta septiembre pasado el Gobierno nacional apostó en este rubro un total de $2.467.877.27, de los cuales $1.870.910.207 fueron para la provincia de Buenos Aires, es decir, el 75,8% de todo lo que se puso a nivel país.