La crítica que el jefe del bloque de Fuerza Patria en el Senado bonaerense, Sergio Berni, y su par e intendente en uso de licencia de José C. Paz, Mario Ishii, dieron en la última sesión del Senado bonaerense y tuvieron como destinatarios al gobernador Axel Kicillof y a la vicegobernadora Verónica Magario, fue la última señal de que en el peronismo está todo mal. O casi. Porque en rigor, el grupo del gobernador y el cristinismo siguen viviendo en la gestión e incluso en la vida legislativa. “Nadie rompe realmente porque nadie quiere quedar como responsable de esa decisión que, sabemos, va a desencadenar, de mínima, en una derrota electoral”, plasmó un intendente del peronismo que mira desde lejos la descarnada interna entre dos bandos del PJ. Hay una particularidad: la avanzada discursiva del espacio referenciado en Cristina Kirchner no tiene, a priori, respuesta desde el otro sector.
Hubo también una señal de Kicillof a los suyos. El gobernador dió la orden de no contestar. En el espacio del mandatario saben que en algún momento habrá un diálogo o encuentro con la expresidenta y que será por temas puntuales. Todo lo contrario a lo que busca el cristinismo. Todo da a entender que será al momento de las definciones electorales para los comicios del año que viene.
“No me interesa pelearme ni con La Cámpora ni con el Frente Renovador; sí intercambiar ideas, pero no pelear”, dijo el ministro de Gobierno provincial, Carlos Bianco, que hace las veces de vocero político de Kicillof en una reciente entrevista con Infocielo. También deslizó que el mandatario ordenó no responder