La modernización del sistema de vigilancia aérea argentino dio un otro paso con la licitación impulsada por el Ejército para ingresar cuatro camiones tácticos 6x6 destinados al transporte de los radares RMF-200V desarrollados por INVAP. Aunque la compra está centrada en los vehículos, el objetivo es mucho más amplio: dotar a las Fuerzas Armadas de una capacidad de despliegue rápido que permita trasladar estos sistemas hacia distintos puntos del país según las necesidades operativas.
La movilidad se convirtió en uno de los principales requisitos de la defensa aérea contemporánea. A diferencia de los grandes radares fijos, que permanecen instalados de forma permanente, los radares tácticos pueden reubicarse en pocas horas para tomar sectores específicos o reforzar zonas de interés estratégico. Esa flexibilidad, explicó Andrei Serbin Pont, resulta determinante frente a las amenazas actuales.
“Un radar que no se mueve es un radar muerto. Lo aprendió Irán y lo aprendió Ucrania”, resumió el especialista al describir una de las principales lecciones que dejaron los conflictos recientes. Una vez detectada su ubicación, un radar fijo puede convertirse rápidamente en un objetivo, mientras que un sistema móvil reduce considerablemente esa vulnerabilidad al poder cambiar de posición de manera constante