Este 11 de diciembre trajo consigo un hecho que más que dividir aguas pareciera que las une en un salto hacia adelante.
La votación en la Cámara de Diputados de la Nación arrojó un triunfo para quienes apoyan la legalización del aborto a través de la IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo), por lo que ahora el tratamiento del tema pasará a la Cámara de Senadores.
Más allá de las actitudes diferentes entre quienes están a favor (verde) y en contra (celeste) lo cierto es que la sociedad civil madura cuando los casos se tratan y se resuelven democráticamente en vez de que si fuera una decisión unilateral y por lo tanto dictatorial. Aquí no se promueve el aborto sino su legalización, al igual que ocurrió en 1987 con la aceptación de la ley del divorcio vincular.
En Uruguay, por ejemplo, el aborto está legalizado desde hace ocho años y la tasa de casos mortales por mala praxis ha disminuido. De aprobarse en el Senado, la ley favorecerá la intervención del Estado y evitará las prácticas clandestinas, que no pueden ocultarse sino que existen. Evitemos tomar este asunto como una división más en la grieta. Bajemos un cambio. Crezcamos.