Una leyenda de barrio, dictamina sobre la existencia de un fugaz e intrepido delantero del Club Obreros Demaco, quien tenía la extraña virtud de hacer goles solo cuando lo iba a ver su novia.
Comprobado por el Director Tecnico Don Garrido, que su mirada de artifice de estrategias , lo hacia observar tanto el campo de juego, como la tribuna. Lo comentó y con cierto estupor algunos dirigentes descubrieron que era cierto "El Romeo del área" como lo bautizó algún relator de radio, hacia solo goles frente a la presencia en el estadio de su "Julieta"
La hicieron socia vitalicia y algunos dicen que hasta le pagaban un taxi para cuando jugaban de visitante y un estipendio menor para sus gastos.
Todo era maravilloso para todos, una cifra en el marcador estaba siempre asegurada. Pero el amor tiene sus propios destinos y ella determinó un nuevo rumbo para el, de ella y posó su mirada en un verdulero de la calle Teurlay, que ni lerdo, ni peresozo correspondio al amor y hasta se jactaba entre sus amigos de haber robado el amor del famoso delantero.
El cayó en el más absoluta decepcion y a la vez en un extrema sequía goleadora.
La hinchada fue a la puerta de la casa de la enamoradiza niña y cantaron canciones tales...Volvé...volvé...que te necesitamos, durante horas y los dirigentes ofrecieron nuevas prerogativas a su favor, para que reconsiderara volver con el delantero.
Tras su ineficacia en el gol, estuvieron a punto de transferirlo a Club Peñarol que jugaba en la "D" de Carapachay en Buemos Aires, ya que los del club bonaerense no lo quisieron ni a prestamo, ni regalado.
Un dia el jugador, llegó a la sede del Club, gritando que se habia enamorado de Roberto Arredondo, el nuevo masajista de Obreros Demaco y que lo pusieran el domingo que el amor le transmitia una energia.
Asi pasó y ese domingo hizo tres goles y se lo dedicaba con una impercetible seña hacia el banco, a su amor que lo miraba con admiracion y cariño desde el banco.
Esta historia se cuenta en mis cuadras para recordar a aquel ídolo de nuestro club y para demostrar que el amor tiene sus propios designios, que siempre nos mejora y que casi siempre nos da una nueva oportunidad, como le sucedió al "Romeo del Area".